Vivimos una paradoja. Sabemos que las mujeres no están presentes en las instancias del poder económico, político… sabemos que las mujeres ganan menos que los hombres por el hacer idéntico trabajo, sabemos lo importante que es su participación, sabemos que la sociedad será más justa cuando la población entera, y no la mitad, participe, tenemos la ley preparada… pero ¿Tendremos que esperar dos generaciones más para que haya cambios sustanciales?El objetivo está identificado. Es también una tendencia… pero ¿para cuándo?
Para ahora. Se trata de lograr que la sociedad sea igualitaria y que las mujeres se sienten en los sillones de los puestos directivos, tomen decisiones, estén en los consejos de administración, sean rectoras… Se trata de que las mesas, que por el momento solo tienen hombres, tengan el mismo número de mujeres.
Los estudios reconocen los efectos positivos para las empresas de que las mujeres estén bien representadas, que sus méritos no sean devaluados y también reconocen que la ausencia de mujeres resta eficacia a la marcha de las organizaciones. Los informes alientan a que el saber
hacer de la mitad de la sociedad, que además se encuentra muy preparada, no se tire por la ventana. Sin embargo, las cosas no mejoran. El inmovilismo y la calma chicha es lo que reina en todos los ámbitos. Las mujeres siguen en la retaguardia*.Es importante que las mujeres sean conscientes de sus competencias en todos los ámbitos, de las barreras y obstáculos que tienen para avanzar con el propósito de que esto sirva para que consciente y voluntariamente vayan de manera muy decidida a colocarse donde les corresponde. Porque hasta ahora una de las cosas que las mujeres modernas han conseguido es estar más solas. La sociedad no sigue sus avances.
Las mujeres ambiciosas y que desean el poder son expulsadas de esos negocios que son de hombres. El mensaje es claro, los hombres corren riesgos y las mujeres son espectadoras relegadas a papeles secundarios y dirigidos a los demás.
Matilde Alonso
* Algunas cifras justifican la urgencia de las actuaciones ya que los buenos porcentajes de ministras en el gobierno no se repiten en otras instancias. Por ejemplo, la participación de mujeres en el Consejo de Estado es de 6,9%. Los Consejos de Administración del IBEX solo cuentan con 8,5% de consejeras. En las Reales Academias españolas solo hay 10,7% de académicas. Es solo una muestra de la dramática escasez de mujeres en muchas esferas.





























